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PLANIFICACIÓN 2026: VISIÓN Y ESTRATEGIA

  • Foto del escritor: Manuel Camerini
    Manuel Camerini
  • 20 ene
  • 4 Min. de lectura

A medida que se acerca el cierre de un año, muchas empresas entran en una lógica puramente operativa: cerrar números, apagar incendios, cumplir compromisos y “llegar” a diciembre. Sin embargo, las organizaciones que logran crecer de manera sostenida son aquellas que utilizan este momento para algo clave: planificar el año siguiente con visión estratégica.


Como siempre decimos, es mejor tener un horizonte claro, aun sabiendo que las cosas van a cambiar, que no tenerlo. Esta mirada no es solo conceptual: está respaldada por la forma en que hoy piensan y gestionan las empresas que buscan sostenerse y crecer.


De hecho, estudios recientes sobre liderazgo empresarial en América Latina muestran que más del 70 % de los ejecutivos identifica la eficiencia operativa y la planificación estratégica como los principales motores de crecimiento para los próximos años, por encima incluso de la expansión comercial pura. Esto refleja que planificar ya no es opcional, sino una práctica de gestión central para competir en contextos inciertos.


Planificar el 2026 no es una tarea administrativa ni un ejercicio teórico. Es una decisión de gestión que impacta directamente en la rentabilidad, el orden interno y la capacidad de tomar decisiones conscientes.



Planificar no es adivinar, es reducir la incertidumbre


Uno de los errores más comunes en las PyMEs es asociar la planificación con predicciones rígidas. En contextos cambiantes, planificar no significa tener todo resuelto, sino contar con un marco claro para decidir.


Es el momento de frenar la pelota, analizar el desempeño del año 2025 y proyectar lo que se viene. Mirar con datos, con perspectiva y con criterio lo que funcionó, lo que no y lo que puede hacerse mejor.


No es casual que instituciones empresarias promuevan activamente este tipo de prácticas. En Argentina, la Cámara Argentina de la Mediana Empresa (CAME) impulsa programas de capacitación orientados específicamente a planificación, gestión comercial y profesionalización de PyMEs, entendiendo que la falta de planificación es uno de los principales límites al crecimiento sostenido.


Una buena planificación permite:


  • Definir objetivos concretos y medibles.


  • Anticipar escenarios y detectar riesgos antes de que se conviertan en problemas.


  • Asignar recursos de manera más eficiente.


  • Alinear a todo el equipo detrás de un mismo rumbo.


Cuando una empresa no planifica, suele reaccionar tarde. Cuando planifica, elige.



El 2026 se empieza a pensar antes, pero se construye en el camino


Planificar un año como el 2026 no siempre puede hacerse de un momento para otro ni con todo definido antes de que termine el año. En la práctica, la planificación es una construcción progresiva, que se trabaja año a año, con el mayor tiempo posible, pero siempre sujeta a ajustes.


Aun así, esperar a enero para “ver qué pasa” suele traducirse en meses perdidos. Las empresas que arrancan el año con prioridades claras, números ordenados y un rumbo definido, aunque sea provisorio, parten con una ventaja competitiva real.


Planificar no implica dejar todo cerrado ni confiar en que “las cosas fluyan”. Implica tomar la iniciativa y empezar a decidir hacia dónde queremos ir, entendiendo que ese camino debe ser una construcción de toda la organización y no solo de quien la lidera.


Este enfoque se observa en distintos niveles de escala. Desde empresas con las que hemos trabajado, que comenzaron un proceso de planificación sin tener todas las respuestas —con números desordenados, roles poco claros y muchas decisiones tomadas “en el día a día”— y que, a medida que avanzaron, fueron ajustando el rumbo, profesionalizando su gestión y ganando previsibilidad, hasta casos más conocidos como Mercado Libre o Globant, que crecieron planificando en contextos altamente inciertos y corrigiendo el rumbo cuando fue necesario.


Planificar también es entender que es un proceso, y como tal tendrá su tiempo de maduración. No se trata de resolver todo en una reunión, sino de iniciar un camino que se irá revisando y mejorando con el correr del año.



Contingencias, ajustes y aprendizaje continuo


Es importante tener en cuenta que las contingencias van a pasar. No todo saldrá exactamente como fue planificado y, seguramente, habrá que pivotear en más de una oportunidad. La diferencia está en que quien planifica, pivotea con información y con criterio; quien no, improvisa.


Un ejemplo argentino que refuerza esta lógica es Arcor. A lo largo de su historia, la empresa creció y se consolidó en contextos altamente inestables, trabajando con planes estratégicos de largo plazo que se revisan y ajustan periódicamente. Su fortaleza no estuvo en evitar errores o cambios, sino en contar con un marco estratégico claro que le permitió corregir el rumbo sin perder dirección.


Planificar no es rigidez. Es flexibilidad con dirección.



Sin números claros, no hay planificación posible


La planificación efectiva se apoya en información confiable. Muchas empresas quieren proyectar, pero no cuentan con datos ordenados sobre su realidad actual: costos, márgenes, estructura, flujo de fondos o productividad.


Ordenar los números no es un fin en sí mismo, sino la base para responder preguntas clave:


  • ¿Qué líneas de negocio son realmente rentables?


  • ¿Qué estructura puedo sostener?


  • ¿Cuánto necesito vender para cumplir mis objetivos?


  • ¿Dónde estoy perdiendo eficiencia?


Planificar el 2026 sin información es planificar a ciegas.



También es momento de reconocer lo logrado


Planificar no es solo mirar hacia adelante. Es importante también brindar por lo ganado. En un año pasan muchas cosas y no todo es avanzar sin pausa. Alejarse del día a día y mirar todo lo que se logró, desde una mirada crítica pero constructiva, permite capitalizar aprendizajes y encarar el año siguiente con mayor madurez.


El crecimiento real se construye reconociendo avances, corrigiendo errores y tomando mejores decisiones.



El futuro se construye desde hoy


Planificar el 2026 es, en definitiva, tomarse el tiempo para pensar el negocio desde un lugar estratégico, salir de la urgencia y construir bases sólidas para el crecimiento.


No hacerlo también es una decisión, aunque generalmente implica seguir reaccionando, improvisando y perdiendo oportunidades.


En MC Consultora Empresarial creemos que las PyMEs no necesitan fórmulas mágicas, sino orden, información y una estrategia clara.


Empezar ahora no es tener todo definido, sino dar el primer paso: entender dónde está hoy la empresa, ordenar la información clave y definir prioridades.


Porque el futuro se tiene que construir desde acá. Y el mejor momento para empezar es ahora.



-Manu Camerini

MC CONSULTORA EMPRESARIAL


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